La conversión de las emisiones de fosas de estiércol mejora la sostenibilidad
Las fosas de estiércol plantean un singular desafío medioambiental debido a las grandes cantidades de gases de efecto invernadero que emiten. No obstante, esos gases pueden capturarse, lo cual reduce su impacto en el medio ambiente y permite convertirlos en materiales útiles.

Las nuevas formas de mejorar la sostenibilidad medioambiental son cada vez más comunes. Uno de los mayores objetivos de esas operaciones de sostenibilidad que están surgiendo es reducir la emisión de gases de efecto invernadero, que son un importante motivo de preocupación en diferentes aplicaciones. A menudo se mencionan las tareas agrícolas como una de las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero. Esas emisiones tienen un importante origen en las fosas de estiércol, imprescindibles en las explotaciones agrícolas en las que hay ganado. Sin embargo, existen nuevas iniciativas que intentan reutilizar esas emisiones convirtiéndolas en biogases mejorados. Las bombas de diafragma son esenciales para la transferencia de gases en esos procesos.
Las emisiones de las fosas de estiércol tienen un gran impacto medioambiental
Las emisiones de gases de efecto invernadero tienen distintos orígenes, entre ellos la quema de combustibles fósiles y distintas aplicaciones industriales. Además de estos orígenes comúnmente identificados, aplicaciones agrícolas como las fosas de estiércol también son fuentes conocidas de gases de efecto invernadero. El objetivo de las fosas de estiércol es almacenar excrementos del ganado para utilizarlos después como fertilizantes en cultivos.
Por lo general, el estiércol se guarda bien en estado sólido en depósitos sobre el suelo o bien como una mezcla líquida en fosas subterráneas. El bajo nivel de oxígeno ambiental existente en esas fosas subterráneas hace que se produzca biogás que puede capturarse y utilizarse como energía para la generación de calor o de electricidad, al mismo que tiempo que se reducen los olores y las emisiones globales. En muchas explotaciones agrícolas se ha empezado a sustituir estos tipos de fosas de estiércol por soluciones de almacenamiento anaeróbicas, es decir en las que no hay oxígeno, denominadas digestores.
Sin bien son fundamentales en las explotaciones agrícolas, las fosas de estiércol emiten importantes cantidades de gases como dióxido de carbono (CO2), óxido de nitrógeno (N2O) y metano (CH4). Esto se debe a que estas fosas son entornos con altos niveles de oxígeno, lo cual provoca la descomposición aeróbica del estiércol y una cantidad excesiva de emisiones. Estos gases llegan a la atmósfera de la Tierra y hacen que aumente la retención de calor.
Las aplicaciones de conversión de gases presentan algunos desafíos en relación a la transferencia
Aunque hay distintas formas de convertir las emisiones de las fosas de estiércol, la mayoría de ellas requieren procesos desafiantes y complejos sistemas. Algunas veces, esos sistemas exigen capturar los gases emitidos y transportarlos hasta un enfriador. Allí, los gases se enfrían, lo que hace que la humedad y las impurezas se condensen y su eliminación resulte más fácil. A continuación, los biogases purificados se licuan para utilizarlos como un portador de energía.
Otras aplicaciones de conversión implican el aumento de la presión de los biogases, lo que da lugar a la adsorción de las impurezas. La adsorción se produce cuando las moléculas se adhieren a la superficie de un material en lugar de que este las absorba. El depósito que contiene el biogás se despresuriza y las impurezas se eliminan gradualmente. A este proceso se le denomina adsorción por cambio de presión.
Estos procesos son muy complejos y a menudo requieren que los gases se transfieran por múltiples etapas. Los gases inicialmente capturados tienen que ser transportados hasta el depósito adecuado para su conversión. Desde allí, los gases ya convertidos y las impurezas eliminadas de ellos deben transferirse a su vez a depósitos idóneos. Estos sistemas exigen que la transferencia sea hermética y además tienen que ser capaces de transportar gases agresivos y de funcionar en entornos en los que se necesitan bombas a prueba de explosiones. Muchos también deben poder manejar gases húmedos y, por tanto, condensación.



